El blog de una historia única...
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jueves, 26 de enero de 2012

2º Capítulo

                                                            2

¡Salía en el periódico!
Publicaban una noticia que hablaba sobre la Piedra Halo, un fósil que personalmente a mí me llamó mucho la atención. No sé, tenía algo que me sonaba... estaba compuesto curiosamente de oro puro, y fue encontrado y expuesto en el museo de la ciudad hace unos pocos meses. En resumen, uno muy valioso que robaron hace unas tres semanas. Y yo descubrí quién lo tenía. Era Hedgard y la conocida banda Negra que se esconde en el golfo de la playa. Por suerte la foto era de espaldas entrando al escondrijo.

Asi que tenía noticias buenas y malas. Las buenas es que al final y fácilmente, conseguí birlarles la piedra, y las malas eran que ahora la ciudad entera y más sospechaba de mí, porque como leía, los cabrones (cuales habían sido arrestados) me estaban acusando de todo a mí aprovechándose de las pruebas.
Comprendí que no podía hacer como si nada y menos con Julia pidiendo respuestas. Era la primera vez que me pillaban con las manos en la masa...
- Juli, te lo puedo esplicar...
- Espera tía, no te rayes. Cuéntame tranquila lo que ha pasado, sé que no es lo qué parece y que tú eres buena persona...
Gracias al cielo. Menos mal que Juli es paciente.

- Verás... hace pocas semanas me enteré de ello, y quise hacer algo. Investigué el lugar y me aseguré como siempre de que nadie me estaba observando. Pero me salió mal... Cuando entré la vi dentro, casi escondida, comprobé que no habia nadie en la sala y como empecé a oír unos pasos y voces y pesaba bastante a pesar de que no es mucho tamaño, la cogí corriendo y la enterré en un sitio de la playa.
- Pero... ¿por qué lo hiciste? - preguntó.
Me quedé en silencio.
- Ah claro, algo que no me has contado. " Eres agente secreta, te mandaron esa misión y blah blah blah " ¿He acertado?
- No exactamente... soy justiciera, por mi cuenta, por así decirlo... bueno sí, es una tontería - balbuceé intranquila.
- Bueno... tranquila Thais, no diré nada, entiendo que no me lo contaras. ¿Para eso están las amigas, no? - me consoló. - Pero, ¿dónde está ahora la piedra?

- La Piedra... pues luego fui a coger una maleta pequeñita para poder llevarla a ruedas...
Me volví a quedar en silencio.
- ¿Y...? ¿Dónde la llevaste...?
- Ehh... pues yo... la-la perdí...
- ¿¡QUE LA PERDISTE?! - exclamó. Tenía una cara de asombro impresionante.
- Ya lo sé, un desastre... cuando llegué ya no estaba, ¡y eso que la enterré bien a fondo! No-no sé que pasó... pero si dan la noticia ahora debería de estar en buenas manos...
De repente se iluminó su rostro y me chasqueó los dedos como si tuviera una idea.
- ¡Claaaro...! ¡Tú misma lo has dicho! Si aquello fue hace unas cuántas semanas, ¿por qué enseñan la foto ahora?...
- Pues tía, no sé... - estaba muy confusa.
- Anda, tú lo que necesitas es ver a Stephen. El nos podrá decir algo - interrumpió.
- ¿Stephen? ¿Quién demonios es?
- Yo también te escondía un secretillo. El Martes pasado conocí a un detective muy bueno y majo, y le prometí que no se lo contaría a nadie. Pero ahora justo es una urgencia. ¡Vamos!
Me levantó con un impulso y muchas ganas de correr. No paré y la hice caso porque me parecía buena idea, pero si que me puse la capucha para que nadie me reconociera.

LLegamos hasta un descampado dentro de la ciudad, donde había una pequeña casita. Juli entró.
- ¡Stephen! ¡Juliaaaaa! - gritó.
Y rápidamente se abrió una trampilla en el suelo y entramos por una escalerilla. Parecía una sala muy grande, y había un hombre al fondo.
Era él.

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