El blog de una historia única...
Me gustaría que te sentaras cómodo y lo leyeses tranquilamente, sin prisas, y cojas un poco de tu tiempo para ver qué te parece.

Gracias (:

viernes, 10 de febrero de 2012

4º Capítulo

                                                                  4


Alguien me miraba a los ojos fijamente, y yo me aparté como un rayo ya que a pesar de que estuviera acostumbrada a que la gente se sorprendiera conmigo, de esos sustos no tenía ni idea.
- ¡Ahh! - grité mientras me caía de la silla.
Era un anciano con gafas y pelo blanco, parecía muy culto y mayor a la vez que un científico loco. Me observaba con cara de interesante y no apartaba la mirada por más que me asustara.
- Ehh... ya, ¿quién coño es? - pregunté mirando a el detective.
- Señor Marker... - Stephen lo miraba pensativo y despreocupado - ¿ya empezamos con las fantasías?
- Tú sabes que ciertas cosas existen, Stephen. Incluso sabes que un misterio así es muy difícil de investigar y resolver, asi que no te despreocupes.




Yo estaba segura de que ese individuo leía mentes. Metafóricamente, claro. Con sólo una mirada ya se expresaba. Y parece ser que yo era un experimento; cosa que coincidía, como conté antes, en que parecía un científico.
- Umm... bueno, vale, yo voy a ordenar unas cosas. ¡Rezaré para que te crean! - y cruzó los dedos delante de su cara.
Esas palabras me extrañaron aún mas y ese tipo para mí ya era un bicho raro.
De repente me miró y me habló, como regañandome:
- No tengo mucho que hablar contigo. ¿Sabes quién soy yo?
- Pues... ¿el señor Marker?
- ¡No señor! - me gritó. - Bueno sí, pero también soy el espiritista Marker; pronto también médium. Estudio aquí con el grupo, aunque no me hacen mucho caso porque yo voy a mi bola. Los casos son mi entretenimiento.




Ahora todo encajaba más en sus piezas. A saber lo que estudiaba ese...
- Encantada... - balbuceó Juli, y después me susurró - que mál rollo tía, ¿qué crees que nos dirá este hombre? 
- Desde luego a mi tampoco es que me guste - respondí - pero hay que esperar, nos puede dar información útil.
- Sé que os transmitís, jóvenes. No os caigo bien, ¿verdad?
Lo miramos serias sin contestar. ¡Era verdad que leía mentes!
- Pues soy de fiar - prosiguió. - No tengáis miedo... bueno, tú sí, Tháris. Pero no por mí, si no por lo que te depara...
Ahora verdaderamente estaba asustada. Pero todavía más cuando sonó una alarma y Stephen vino como un lince.
- ¡Chicas! ¡Salid corriendo! Luego os daré explicaciones, pero ahora, ¡venga!
Saltamos de la silla rápidamente, pero algo nos impidió salir.